
Mensaje dominical de monseñor Rodrigo Gallego Trujillo
Feliz. Así se puede entender la palabra “dichoso” o “bienaventurado” que trae el Evangelio de este día. Y con ello nos podemos adentrar en el sentido más profundo de la lectura del bien llamado “sermón de la montaña” con el cual, el Señor, empieza una larga enseñanza que nos indica hacia donde debe tender la perfección de la vida cristiana. Si nos invita a ser felices y a bendecir en medio de las grandes pruebas de la vida, es porque la sostenibilidad en medio de las grandes dificultades y profundos sufrimientos no está en la fuerza humana, sino en la grandeza de Dios quien se hace presente por medio de su Espíritu Santo. El ser feliz es una característica propia de aquellos que se saben amados eternamente por Dios; quien es verdaderamente feliz no vive de “pequeñeces”, “no es cositero”, sino que eleva su espíritu a lo más grande: Dios. De otro lado, aparece muy claro que Jesús no nos promete “quitarnos los sufrimientos y pruebas”, sino que nos invita a asumir cada momento de la vida con la entereza que produce la fe; en esto debemos ser claros, pues, cuando nos prometen, con ilusiones falsas, que podemos hacer desaparecer el sufrimiento de la vida, nos engañan vilmente, pues, esto hace parte del camino de la vida; lo correcto es cómo vivimos estas etapas de la vida… sufrimiento es equivalente a decir paciencia, soportar con ánimo firme.
+ Rodrigo Gallego Trujillo,
Obispo de Palmira



